Aunque muchos de nosotros ya conocemos la realidad sobre el ayuno intermitente (evitar comer durante periodos prolongados), el mito de que desayunar es algo necesario sigue consolidado, y prevalece en nuestra sociedad.
El desayuno se concibe como una comida más sana e incluso más importante que otras comidas, y muchas guías de alimentación recomiendan que desayunemos absolutamente todos los días, ya que se dice que desayunar ayuda a perder peso, y que saltarnos esta comida puede aumentar considerablemente factores negativos como nuestro riesgo de obesidad, pero, ¿es cierto todo lo que se dice sobre esta comida?
Desayunar todo los días se relaciona con hábitos más saludables
Es cierto que hay muchos estudios los cuales muestran que las personas que desayunan suelen desarrollar hábitos más sanos; son menos propensas a sufrir de sobrepeso u obesidad y tienen un riesgo menor de sufrir ciertas enfermedades crónicas.
Todas estas propiedades se le han atribuido al desayuno sin motivo aparente. Lo primero, porque estos estudios son observacionales, por lo que no pueden demostrar una causalidad, y lo segundo porque la gente que desayuna es más propensa a tener hábitos más sanos, pero no se puede demostrar que sea el propio desayuno el que provoque esto.
Es decir, las personas que desayunan pueden tener otros hábitos sanos (como consumir más fibra o mejores macronutrientes) que puedan explicar esto, y por otra parte, la gente que no desayuna suele fumar más, beber más alcohol o realizar menos ejercicio.
¿Desayunar aumenta tu metabolismo?
Mucha gente opina que el desayuno acelera tu metabolismo, pero lo cierto es que esto no es más que otro mito.
Esta gente se refiere en realidad al efecto termogénico (también conocido como termogénesis inducida por dieta o efecto dinámico-específico), el cual destina parte de las calorías de los alimentos que ingerimos a la producción de calor.
Esto ocurre tras una comida, por lo que es lógico que se asocie con que a más comidas, más gasto calórico, pero no es así, ya que este efecto termogénico únicamente supone alrededor de un 10% (aunque depende del consumo de macronutrientes; a mayor cantidad de proteínas, mayor efecto termogénico, y a mayor cantidad de carbohidratos, menor efecto termogénico) de todo lo que consumamos, por lo que si a lo largo del día consumimos 2000 calorías, el efecto termogénico será de 200 calorías, tanto si esas calorías las distribuimos en una comida como si las distribuimos en diez.
Prueba de ello son los estudios que muestran que no hay diferencias en el consumo calórico tras 24 horas entre la gente que desayuna y la que no lo hace.
¿Puede tener beneficios saltarse el desayuno?
Probablemente muchos no creerán esto, pero saltarse el desayuno es un método muy común del ayuno intermitente (aunque no es estrictamente necesario).
El ayuno intermitente consiste en alimentarnos en periodos de entre 4 y 8 horas y dejar de hacerlo en periodos de entre 16 y 20 horas. Estos periodos de alimentación pueden realizarse por la mañana (donde sí se incluiría el desayuno) o por la tarde (donde no se incluiría el desayuno).
El ayuno intermitente sí ha demostrado satisfactoriamente reducir la ingesta calórica, incrementar la pérdida de peso y mejorar la salud metabólica, además de que es capaz de mejorar la concentración, disminuir los niveles de colesterol, evitar enfermedades cognitivas degenerativas como el Alzheimer y disminuir las probabilidades de sufrir cáncer.
Aunque este método por desgracia no es para todos, y debería aplicarse teniendo en cuenta las circunstancias individuales; ciertos individuos pueden beneficiarse de sus efectos positivos mientras que otros pueden sufrir dolores de cabeza, bajadas de azúcar, desmayos y falta de concentración.
Conclusión
Desayunar o no desayunar es una mera cuestión relativa a las preferencias de cada persona. Científicamente sí se ha probado que el ayuno intermitente es algo beneficioso, mientras que científicamente no se ha probado que desayunar sea algo que aumente el metabolismo ni nos haga desarrollar mejores hábitos, sino que estos hábitos deben desarrollarse independientemente de que realicemos esta comida o no.
Quien esté acostumbrado y sienta que lo necesita, debería hacerlo, y quien sea capaz de no sufrir mucha hambre y quiera incluso aprovechar para realizar un ayuno intermitente, que no lo haga.
Referencias
- Adda Bjarnadottir, Is Skipping Breakfast Bad For You? The Surprising Truth, para Authority Nutrition [Revisado en noviembre de 2015].