Sentada en el avión, rumbo a Paris, me encuentro por fin con tiempo para reflexionar sobre lo que ha pasado en estas dos últimas semanas. El avión es una buena metáfora para lo que he sentido porque he pasado de subir al cielo a tener que poner otra vez los pies en tierra. Pero vayamos por partes.
El notición es que he conseguido completar mis primeros 10 km.
Voy a escribirlo otra vez, porque si sois tan escépticos como yo probablemente no deis crédito. He conseguido completar mis primeros 10 km (seguidos, que ya puedo oír a algún gracioso preguntándolo). Concretamente el 16 de mayo. Yo. ¡10 k-i-l-ó-m-e-t-r-o-s! ¡seguidos! Sin asistencia mecánica, lo prometo. Me sentí como si pudiera tocar el cielo.

Llevábamos bastantes días en los que los entrenamientos eran buenos y nos habíamos marcado como objetivo para ese día llegar a los 9 km. El día había amanecido nublado y llovía a ratos, así que me pasé toda la mañana mirando por la ventana y cruzando los dedos para que no diluviara. Me moría de ganas de intentarlo. Habíamos elegido uno de mis sitios preferidos para correr en Albacete, un camino natural que discurre paralelo al Canal de María Cristina.
Cuando llegó la hora, creo que para mí las condiciones eran las ideales: sin viento, sin lluvia, con una temperatura relativamente baja y con mucha tranquilidad. Conforme empezamos a correr, mi entrenador me dice que el objetivo es 9, pero que a ver si llegamos a los 10. Él no sabe lo mucho que pone en peligro su integridad física con estos comentarios. Yo en mi vida anterior era un caballero Jedi (posiblemente un primo de Qui Gon Jinn) y podría matarle usando la fuerza.
Los primeros 5 o 6 kilómetros fueron fáciles. Todo funcionaba, no me dolía nada y mi rimo era bueno si lo comparamos con el de un niño en triciclo. En el sexto kilómetro apareció mi amigo el falso llano. Yo antes me reía de lo que sufren los ciclistas en las cuestas que no parecen cuestas: mediante la presente pido perdón y prometo no volver a hacerlo nunca. Llegué al principio del kilómetro 7 pensando que no iba a poder completar los 9. Bajamos un poquito el ritmo y cuando llegamos a los 8.5 iba tan bien que decidimos subirlo e ir a por los 10. Tiempo total: 73 minutos. Se me saltaban las lágrimas de la alegría.
En marzo sólo era capaz de completar unos 2 kilómetros, la mayor parte de ellos andando. Y a mitad de mayo llegaba a los 10 kilómetros. Un par de días después salí sola a estirar las piernas y acabé corriendo 8 km como quien no quiere la cosa, con buenas sensaciones, sin dolor y casi sin esfuerzo. Este era mi nuevo yo y estos eran mis nuevos ritmos y volúmenes. Y claro… me vine arriba. Yo ya soñaba con correr la media maratón mucho antes de lo previsto, con bajar de la hora para los 10 km… y casi casi con ir a las Olimpiadas de Río 2016.
Hasta que llegó la realidad y me bajó al suelo de una buena galleta.
El miércoles de la semana pasada, después de hacer un examen y pasar un día largo de oficina soñando con salir a correr, me puse las zapatillas, salí a la calle y 20 minutos y 3 kilómetros después me tuve que parar porque no me funcionaba nada. Nada. Ni la respiración, ni las piernas, ni la cabeza. Me habían avisado de que pasaría, de que hay días en los que parece que te han cambiado las piernas por dos estacas y el corazón por una patata. Ese miércoles, mientras volvía andando a casa, también se me saltaban las lágrimas, pero de la frustración. En el entrenamiento del jueves tampoco pude completar las series de fondos que venía haciendo hasta ese momento. Era como tener delante un chuletón y que me hubieran cambiado un cuchillo de Albacete por uno de plástico de los de los aviones. No tenía fuerzas ni capacidad pulmonar.

Así que esta semana he tenido que poner de nuevo los pies en la tierra. No sé si la bajada de rendimiento tiene que ver con el polen, con el estrés laboral, con el comienzo de los exámenes o con nada en particular. Pero no importa porque no me voy a rendir. Me he puesto las zapatillas y he vuelto a la vía verde, a mi camino preferido, completando esta semana dos tiradas de 7 km. He sudado y he sufrido para llegar, pero hoy vuelvo a salir. Y volveré a mejorar y podré escribir que he completado mis segundos 10km. No pain, no gain, ¿no?












4 comentarios en «Corriendo mis primeros 10km»
Te entiendo perfectamente …, que levante la mano el que no halla sufrido esta situación. Un par de días de descanso y al ataque, cada vez que te repones de una situación así, te haces mucho más fuerte. Ánimo y enhorabuena !! 😉
Ánimo Clarisa, nadie dijo que esto fuera fácil, pero recuerda, el peor corredor es el que corre por obligación. Acabarás disfrutando con el sufrimiento 😉
Hola Clarisa! Felicidades por tus 1eros 10K! La sensación es increíble 🙂
Ahora las sensaciones que estas teniendo en tus últimos entrenamientos pueden ser por sobre entrenamiento. Pregunta: Como estas durmiendo? Cuantas horas? Estas mas irritable de lo normal?
Las bajas de rendimiento también puede ser por alimentación o hidratación, recuerda que ahora estas haciendo rodadas mas largas, necesitas mas calorías y mas hidratación, pero cuando es por esto, te das cuentas es a mitad o final del entrenamiento.
Te recomiendo, que bajes el volumen de entrenamiento por lo menos 1 semana, dale tiempo a tu cuerpo a reponerse y descansar un poco.
Ya los 21K llegaran…
Enhorabuena!!! Los 10km la primera vez es la bomba. Subidon… Y a partir de ahora cada vez te costara menos. Es una distancia de entreno ideal para subir a «cotas mayores». De los 10 a la media maraton hay mucho menos que de cero a 10. Te lo juro!! Y a partir de ahí, aunque sean palabras mayores y yo haya tardado 5 años desde mi primera media… la maraton. 😉
Espero sigas en línea y con un poco de suerte coincidiremos en alguna grande un día de estos.